Geometrías Precolombinas: Iconografía y Territorio

Una obra en la que la investigación arqueológica, la creación tecnológica y la práctica performativa convergen para hacer visibles las relaciones entre las formas geométricas del arte precolombino y los quehaceres cotidianos de pescadores, artesanos y habitantes del litoral ecuatoriano.

De habitar los espacios in situ al Museo de Manta

La performance Geometrías Precolombinas surge a partir de una convocatoria abierta impulsada por el Museo de Manta. Se trata de una propuesta multidisciplinaria que articula música en vivo, programación creativa, videoarte y danza contemporánea. Su principal motivación nace de las inquietudes creativas e intereses investigativos de los artistas Jean Correa y Darla Alarcón, quienes han desarrollado una profunda relación con el territorio, la memoria y las prácticas culturales del litoral ecuatoriano.

Para ambos creadores, el territorio se ha convertido en una resonancia indispensable, no solo en sus procesos artísticos, sino también en sus prácticas cotidianas y en sus metodologías de enseñanza no formal. Sus trayectorias convergen en el interés por la cultura Manteño-Huancavilca y por las formas en que el patrimonio ancestral permanece vivo en los gestos, los oficios y las memorias de las comunidades de Manabí.

Por una parte, Darla Alarcón, al ser originaria de la ciudad de Manta, se encuentra atravesada por la mitología de la Diosa Umiña y por la presencia simbólica de las sillas de poder en forma de «U», elementos sobre los que ha desarrollado una extensa investigación artística y escénica. Por otra parte, Jean Correa se ha desempeñado como investigador independiente y colaborador del colectivo Herencia Ancestral, dedicándose al rescate, recreación y modelado tridimensional de figuras pertenecientes a la cultura Manteño-Huancavilca, así como a la divulgación científica de este patrimonio mediante herramientas digitales y nuevos medios. Su práctica se constituye como una labor de preservación y archivo de la memoria en formatos contemporáneos.

A partir de estas afinidades, ambos artistas coincidieron en un festival escénico realizado en la ciudad de Guayaquil en el año 2025. El encuentro permitió reconocer intereses comunes respecto a la creación de experiencias escénicas de carácter ritual, así como la necesidad de construir propuestas que dialogaran con las particularidades culturales de sus ciudades de origen: Manta y Guayaquil.

De este intercambio nació la propuesta Rituales Itinerantes: Performance y Territorio, presentada por primera vez en la Plaza Garibaldi y en los exteriores de la Iglesia La Merced, en Guayaquil. La obra se planteó como un ejercicio de observación y activación de aquello significativo en las prácticas cotidianas de los transeúntes y habitantes de la ciudad, tomando el espacio público como un escenario vivo y en constante transformación.

Esta experiencia se convirtió en el punto de partida de una serie de presentaciones realizadas posteriormente en Quito, Manta, Cuenca, Olón, el sur del Guasmo y la Universidad de las Artes. Cada una de estas versiones fue modificándose de acuerdo con las condiciones espaciales y sociales de cada contexto. La mayoría de las intervenciones se desarrollaron en plazas, parques y espacios abiertos; mientras que en Quito y en la Universidad de las Artes la obra se presentó en salas de caja negra, permitiendo incorporar otros recursos técnicos, como el diseño de iluminación.

Sin embargo, más allá de las transformaciones formales, la esencia de la obra permaneció inalterable: intervenir el territorio y establecer un diálogo sensible con quienes lo habitan. Cada presentación se convirtió en un acontecimiento irrepetible donde el azar y la contingencia pasaron a ser elementos compositivos fundamentales. La obra se construía desde el «aquí y ahora», permitiendo que el espacio, las personas y las circunstancias afectaran directamente la dramaturgia y la experiencia performativa.

A partir de estas experiencias surgieron importantes hallazgos respecto al comportamiento del cuerpo en relación con el territorio y la manera en que las acciones escénicas mutaban según las particularidades de cada ciudad. No obstante, en todas las versiones aparecía un elemento transversal: la persistencia de la iconografía y de la memoria de la cultura Manteño-Huancavilca.

Las figurillas de Venus, las representaciones de La Tolita, las imágenes de San Biritute y las sillas de poder en forma de «U» emergían constantemente, tanto en los imaginarios del colectivo como en las prácticas y objetos presentes en los territorios visitados. Estas presencias permitieron comprender que el patrimonio arqueológico no pertenece únicamente al pasado, sino que continúa habitando las corporalidades, los gestos y los saberes cotidianos de las comunidades.

Con el material recopilado por Jean Correa en la Reserva Arqueológica del MAAC y en otros museos del país, sumado a los procesos de creación escénica y audiovisual desarrollados por Darla Alarcón, surgió la necesidad de reformular la propuesta hacia un nuevo dispositivo escénico pensado para un espacio convencional.

De esta manera nace Geometrías Precolombinas: Iconografía y Territorio, una obra en la que la investigación arqueológica, la creación tecnológica y la práctica performativa convergen para hacer visibles las relaciones entre las formas geométricas del arte precolombino y los quehaceres cotidianos de pescadores, artesanos y habitantes del litoral ecuatoriano.

La obra propone que la iconografía ancestral no sea entendida únicamente como una imagen inscrita en la cerámica o en los objetos arqueológicos, sino como una memoria encarnada. Las espirales, las formas escalonadas y las ondas geométricas se traducen en movimiento, respiración y gesto, convirtiendo al cuerpo en un archivo vivo donde el pasado continúa manifestándose.

Geometrías Precolombinas es, en este sentido, una invitación a pensar el territorio como un espacio de memoria activa y al cuerpo como un lugar donde la historia permanece inscrita. La propuesta busca abrir un diálogo entre arqueología, arte contemporáneo y tecnología para preguntarnos de qué manera las geometrías ancestrales continúan organizando nuestra manera de habitar, recordar y relacionarnos con el mundo.

Asimismo, la evolución del proyecto hacia un formato de mayor complejidad multidisciplinaria hizo evidente la necesidad de entrecruzar los lenguajes tradicionales de las artes escénicas con herramientas tecnológicas contemporáneas. En este proceso, la danza, el videoarte, la programación creativa y la inteligencia artificial comenzaron a dialogar como sistemas complementarios de creación e investigación.

Más que incorporar tecnología como un recurso meramente instrumental, el interés del proyecto radica en preguntarse cómo es posible habitar la memoria y las narrativas ancestrales desde perspectivas contemporáneas. Esta búsqueda parte de la convicción de que las historias, los símbolos y las cosmovisiones de las culturas precolombinas no pertenecen únicamente al pasado, sino que continúan transformándose a través de los lenguajes y herramientas de cada época.

En este sentido, la convocatoria del Museo de Manta representó una oportunidad pertinente para profundizar estas exploraciones. Nos interesaba pensar el museo no solo como un espacio de contemplación y resguardo patrimonial, sino también como un territorio de experimentación sensible donde los objetos arqueológicos pudieran activar nuevas formas de relación con el público. La propuesta busca desplazar la experiencia tradicional de observación para abrir paso a una experiencia inmersiva, corporal y afectiva, donde el patrimonio pueda ser vivido, recorrido y sentido desde múltiples dimensiones.

A través de la integración de tecnologías digitales, sistemas generativos, programación visual y recursos audiovisuales, la obra propone nuevas formas de mediación cultural que amplían las posibilidades de acceso e interpretación del legado precolombino. Desde esta perspectiva, las piezas arqueológicas dejan de ser únicamente vestigios del pasado para convertirse en detonantes de experiencias contemporáneas que conectan memoria, territorio, cuerpo y tecnología.

La apuesta de Geometrías Precolombinas consiste, por tanto, en explorar cómo las prácticas artísticas actuales pueden contribuir a la difusión, reinterpretación y activación del patrimonio cultural, generando puentes entre el conocimiento ancestral y las sensibilidades del presente. De esta manera, el arte se convierte en una herramienta capaz de transformar las formas tradicionales de acercamiento a la historia, proponiendo experiencias más participativas, interactivas e innovadoras para los públicos contemporáneos.

A lo largo de este proceso comprendimos que las experiencias desarrolladas tanto en espacios in situ como en escenarios convencionales —museos, anfiteatros o salas de caja negra— no son prácticas opuestas, sino formas complementarias de producción y transmisión de conocimiento. Cada contexto propone maneras distintas de relacionarse con la memoria, el territorio y el público, y precisamente en esa diversidad radica la riqueza de la creación contemporánea.

Asimismo, las herramientas tecnológicas y los nuevos medios se revelaron como un puente significativo entre la creación escénica, la investigación independiente y las formas actuales de mediación cultural. Sin embargo, su incorporación en este proyecto nunca respondió a un interés por la innovación tecnológica en sí misma, sino a la posibilidad de preguntarnos cómo las narrativas ancestrales pueden ser habitadas, reinterpretadas y compartidas desde las sensibilidades del presente.

Esta experiencia también reafirmó una convicción fundamental: toda práctica artística nace del territorio. Solo a través de un acercamiento sensible a las comunidades, de la observación atenta y de la vivencia de sus prácticas cotidianas es posible construir procesos de investigación que respondan de manera ética, situada y profunda a las complejidades de un contexto. El conocimiento no se produce únicamente en los archivos, los museos o la academia; también se genera en la experiencia vivida, en los saberes comunitarios, en los gestos heredados y en las memorias que permanecen inscritas en los cuerpos y en los paisajes.

Por ello, la creación artística y la investigación no deben entenderse como campos separados ni como prácticas jerárquicamente diferenciadas. Por el contrario, se constituyen como procesos que se nutren mutuamente. El territorio alimenta la creación; la creación abre nuevas preguntas para la investigación; y la investigación, a su vez, permite ampliar las formas de comprender, preservar y activar la memoria cultural. Entre estos ámbitos se produce un intercambio continuo de saberes, afectos y metodologías.

Del mismo modo, consideramos importante que el público pueda familiarizarse con estas distintas maneras de producir y compartir el arte. Trasladar una experiencia nacida en el espacio público y en la relación directa con las comunidades hacia un museo o una sala convencional no implica despojarla de su dimensión territorial. Por el contrario, supone abrir nuevas posibilidades de circulación, reflexión y encuentro, permitiendo que otros públicos se aproximen a las memorias y conocimientos que la obra pone en movimiento.

En este sentido, la incorporación de tecnologías contemporáneas tampoco pretende sustituir las formas tradicionales de transmisión del patrimonio, sino expandirlas y proponer otros modos de relación con él. Las herramientas digitales, la programación creativa y la inteligencia artificial pueden convertirse en dispositivos de mediación capaces de activar experiencias sensibles, acercar nuevos públicos al patrimonio y generar formas innovadoras de narrar la historia y de imaginar el futuro.

Finalmente, Geometrías Precolombinas: Iconografía y Territorio se plantea como un ejercicio de articulación entre cuerpo, memoria, territorio y tecnología. La obra propone que el patrimonio no sea comprendido únicamente como un conjunto de objetos resguardados en un museo, sino como una práctica viva que continúa transformándose en el presente. Desde esta perspectiva, democratizar el arte implica generar puentes entre el conocimiento académico y los saberes comunitarios, entre el espacio público y el institucional, entre las memorias ancestrales y las herramientas contemporáneas. Quizá allí reside uno de los principales aprendizajes de este proceso: comprender que las formas de creación, investigación y transmisión cultural no son estáticas, sino territorios en permanente movimiento, capaces de enriquecerse mutuamente y de abrir nuevas maneras de habitar la historia compartida.

Exploración

Cuerpo, territorio y tecnología en danza contemporánea.

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