Mal/Entiéndeme - El residuo como forma de subsistencia
OBRAS
Darla Alarcón


Mal/Entiéndeme es una propuesta escénica que aborda el cuerpo como lugar de traducción fallida. La pieza explora la distancia entre lo que se intenta comunicar y lo que finalmente es interpretado, comprendiendo el malentendido no como un error, sino como una experiencia corporal persistente. A partir de microestados, pausas, quiebres y repeticiones, el cuerpo en escena evidencia la fatiga de explicar(se), la vulnerabilidad que emerge cuando el lenguaje no alcanza y el deseo de permanecer presente aun en la incomprensión.
La obra se construye desde un minimalismo afectivo en el que el movimiento insiste más de lo que explica, revelando un pensamiento encarnado. Parte de un cuerpo situado que nombra desde la falla aquello que se distorsiona, se pierde o no ha sido plenamente escuchado. En este sentido, el cuerpo se presenta como un archivo sensible de experiencias de incomprensión, silenciamiento y sobreexigencia de legibilidad, donde nombrar no implica aclarar, sino persistir desde el residuo, sosteniendo la presencia como una forma mínima de subsistencia.
Síntesis crítica
“Mal entiéndeme” nace del intento fallido de laboratorizar una idea. La posibilidad de crear una obra de danza a partir de objetos simbólicos pertenecientes a la directora. Sin embargo, lo que en un inicio fue un proceso de búsqueda sensible y artística terminó por transformarse en una estrategia de supervivencia. La obra emerge, entonces, no desde la inspiración o la investigación, sino desde la necesidad de seguir subsistiendo como artista independiente, de obtener un ingreso que permita sostener la vida y la práctica.
Esta génesis honesta, precaria, contradictoria deja al descubierto una tensión constante entre el deseo artístico y la exigencia de mercado, entre la creación como pulso vital y la creación como mercancía. “Mal entiéndeme” se levanta desde ese doblez, desde el residuo de una experiencia fallida, pero también desde la urgencia de mantenerse visible y económicamente activa dentro de un sistema que mide el valor del arte según su capacidad de ser rentable, digerible y “auténtico” para el espectador.
En ese sentido, me pregunto cuánto de nuestra práctica artística sigue siendo realmente autónoma, y cuánto ha sido seducida casi sin darnos cuenta por ese “buen diablo” de la sociedad del consumo, que convierte el deseo en producción y la autenticidad en estrategia de venta. ¿Cuántas veces las dolencias, los cansancios, las carencias del hacer escénico no se vuelven también material coreográfico? ¿Cuántas veces el residuo de lo que ya no pudimos sostener se vuelve el motor para producir, aunque sea a costa del cuerpo, de la salud, del tiempo y del deseo?
“Mal entiéndeme” se configura, así como un vomito simbólico, un gesto que recoge las sobras de procesos anteriores, los restos de la frustración y los reformula para ofrecerlos como un producto escénico “accesible”, “masticable”, “vendible”. En esta maniobra de reciclaje aparece la paradoja: crear para resistir, pero también resistir creando bajo las reglas del mercado. El cuerpo, el movimiento, la obra todo se vuelve un dispositivo de autoexplotación, un medio para sobrevivir en un ecosistema cultural carente de políticas públicas sólidas que protejan y sostengan la práctica artística en Ecuador.
Y, sin embargo, algo humano persiste. Detrás de cada proyecto incluso de los más marqueteros o pragmáticos hay una red de afectos, colaboraciones, cuerpos y voluntades que insisten en mantener vivo el gesto creativo. Quizá lo que verdaderamente sostiene la obra no sea su “autenticidad” vendible, sino el capital humano y afectivo que la hace posible.
Finalmente, el cansancio que atraviesa la obra no se presenta como una experiencia meramente individual, sino como un efecto sistémico. Es el resultado de una cultura que glorifica la productividad, la diferencia y la hiperconectividad, mientras precariza las condiciones de existencia de quienes producen sentido. Sin embargo, incluso en ese agotamiento, el cuerpo insiste. Sigue danzando. Y en esa insistencia frágil, contradictoria, expuesta se revela una potencia política: la de un cuerpo que no deja de moverse aun cuando el sistema le exige hacerlo para sobrevivir.
Bibliografía
• Bourdieu, P. (1995). Las reglas del arte: Génesis y estructura del campo literario. Anagrama.
• Butler, J. (2006). Vida precaria: El poder del duelo y la violencia. Paidós.
• Han, B.-C. (2010). La sociedad del cansancio. Herder.
Link de la obra:
https://youtu.be/dy74Tn4cFk0?si=8jJgyprk-Yu-ZBNS